miércoles, 8 de mayo de 2013

"La paradoja del amor cortés" (segunda parte)



La paradoja del amor cortés fue que, en vez de ser el preámbulo previo que realizaba el caballero cortejando a su dama para finalmente llegar al matrimonio, fuese la excusa perfecta para evadirlo y satisfacer los deseos inmediatos de los amantes.



Ese quiebre de la concepción tradicional del amor cortés se vio plasmado con una gran originalidad en “La Celestina”. Sus personajes librados al azar, al individualismo pleno, viviendo para el amor erótico instantáneo y cargado de plétoras de libertad absoluta compusieron  la gran obra de Rojas.



“La Celestina” fue innovadora por que los enamorados,  Calixto y Melibea , no quieren ser esposos sino “amantes”. Vivir en pecado, sin unirse por las vías que mandaba el señor, (actualmente sería una especie de concubinato fuera de los mandatos que promulgaban las leyes “terrenales y celestiales”). Los amantes quisieron vivir su amor erótico sin condicionamientos que los llevaría, adrede, a la muerte ¡ y quién dijo que nadie podría morir de amor! Melibea fue la excepción, ella se suicidó por amor.



Efectivamente los personajes de Celestina fueron proclives al desmesurado hedonismo. Estos jóvenes amantes no querísieron un hogar, sino un amor. En esta historia la pasión se conviert en el universo que giraba  su vida, y la razón está ciega al placer inmediato del amor erótico.



Celestina dirige a Melibea estas palabras: “El vivir es dulce” (pág 86). El puro y simple vivir, como un goce y un valor por sí mismo apetecible está reconocido en sus internas relaciones por los personajes de La Celestina como base de sus ideas sobre el mundo social.



Melibea estima que es deseable la juventud. La incitación a los placeres de la vida, el principio de la universalidad del amor era la base de la concepción del mundo de los personajes; hasta en sus horas finales cuando Melibea se prepara para saltar de la torre se lamenta de no haber disfrutado a fondo su amor “¿Cómo no gocé más del gozo?” se arrepintió de reprimir aún más sus deseos. En la confesión que hace entonces a su padre se culpaba de la muerte del joven caballero, pero no de haber compartido con él la satisfacción de sus ilícitos amores.


Una de las transgresiones que ocasionaron la distorsión de amor cortés causados por estos rebeldes (llamó así a Calixto y al Archipieste de Hita porque ambos contaron con esta intervención), fue la aparición de la “Trotaconventos” o “Celestina” , es decir, una mujer alcahueta de profesión y avivada en la magia, como fuerza auxiliar que interviene entre los enamorados cuando el cortejo del caballero fallaba y no lograba la meta que se propuso con su amada. El amor cortés permitía y esperaba la mediación de los amigos o confidentes, pero no de una alcahueta de profesión; apareciendo ésta en la pareja era señal de que las intenciones del caballero no eran buenas  [1]el empleo de los servicios de una alcahueta destruía el tono místico y carácter verdadero y puro del amor cortejado cuya actitud adquiría un tono realista e incluso grosero[2] Además al introducirlas en la historia daba cuenta perfectamente que las intenciones del caballero para con su doncella eran solamente satisfacer los deseos lujuriosos de la carne y , además transformaría al amor en un verdadero interés redituado en el que sacaría ventaja la alcahueta y terceros, en algunos casos externos a los beneficios de la pareja.



En el “Libro del buen amor”  la trotaconventos para evadir el casamiento convence al Archipieste el amor por una monja (   además para sacar provechos materiales ) y por sus gratas maneras que tenían en el amor: “buenas maneras, recatadas, placenteras, mesuradas, francas, generosas  estrofas 1332-1334) convirtiendo de esta manera el galanteo en un simple mercadeo.



En “La Celestina” el criado de Calixto, Sempronio, al verlo dolido y herido a su amo por el amor no correspondido de Melibea, lo exaltaba a que su fracaso se debió al seguimiento de los mandatos y sutilezas del amor cortés y que por ende, buscaría ayuda en una conocida suya alcahueta. Sempronio y Celestina tomaron cartas en el asunto sacando dinero a partir de la debilidad de Calixto terminando con la muerte de los criados y la Celestina debido a sus ambiciones desmedidas.



¿Pero por qué en “La Celestina” no se habló de matrimonio ni de matrimonio secreto?

En algunos casos se ha acudido a la pintoresca solución racista de considerar que un obstáculo del judaísmo se interponía entre los amantes; en otros casos se podría considerar que la cuestión del matrimonio era solamente estamental, en las que las uniones se hacían por acuerdos entre familias y no entraba en juego darle importancia al amor, aunque en “La Celestina” la posibilidad del individuo de librarse de la sujeción familiar o estamental llegando a un matrimonio por amor estaba abierta , ya que preocupado por la elección del conyugue de su hija Pleberio decía: “En esto las leyes dan libertad a los hombres y a las mujeres, aunque estén so el paterno poder para elegir” (59)[3]. “Ser buena amante a mala casada” prefería Melibea, también como dice Otis: “  No hay matrimonio secreto por que los amantes están condenados a un castigo trágico, no hay exultación en el sufrimiento ni largos períodos de “mírame y no me toques”  porque el desenlace debe desarrollarse con rapidez. “La Celestina” es una obra dramática, no lírica y tiene que precipitarse su desenlace mediante la acción rápida y vengadora de la muerte”.



Si no admitimos el incontrolable deseo del amor mixto (amor en el que era plausible el goce carnal) la conducta de Calixto se ajustaba al esquema cortés cantando canciones de desesperación insistía en que Melibea era su Dios y él su cautivo. Lo que motivó su segunda falta contra el código del amor cortesano fue su exceso de desesperación y a la recurrencia a la mediación y malas artes de Celestina, aun conociendo su engañosa profesión.



En el “Libro del buen amor” el autor pareció oscilar entre la atracción que sentía por el verdadero amor y un dejarse llevar por el “loco amor”. El mismo Archipieste señalaba en sus quejas a Don Amor:  “ El amor es fuente de todos los males, aniquila la voluntad del ser humano y le hace perder su alma”. En el mal amor no había delicadeza ni entrega generosa. Sólo se buscaba el deleite sensual y sexual y para lograrlo todos los medios eran buenos. Este “mal amor” se asimilaba a la pasión que no atendía a conductas racionales ni morales.



Tanto en “La Celestina” como en el “Libro del Buen Amor”  hubieron condenas y castigos por no haber aseguido los preceptos del buen camino y guía de Dios, abusar excesivamente y burlar al amor cortés pasando de largo sus verdaderos fines, como el matrimonio y entrega de las almas en unión a Dios, como lo dice Otis Green: “La Celestina fue la “reprobatio amoris” la condenación del amor cortés”.



Esta concepción del amor como fuerza libre y violenta preparó la antesala de lo que sería el renacimiento, adecuada con el surgimiento de la nueva clase ociosa. Aquella fundará su estatus en la acumulación de riqueza y no se dedicará a la producción de bienes materiales. En estas condiciones, el amor para una nueva clase que ya no guerrea ni lucha es un deporte gozoso , doliente y arriesgado teniendo en cuenta las graves consecuencias que genera. En este panorama de nuevos aspectos socio-económicos el amor cortés entrará en juego.






[1] Green, Otis (1982) “Amor cortés y moral cristiana en la trama de la Celestina” en Historia y crítica de la literatura española. Barcelona  Crítica pág 507.

[2] (Salinero:92)


[3] (Maravall: 259)

"Fin cortés" (tercera parte)



El amor cortés bajo una época tan conservadora y religiosa como lo fue la edad media tenía que adecuarse a los preceptos de la religión, no se la podía concebir como un fin adúltero y lujurioso propuesto inicialmente, debido al cambio rotundo del sistema de valores entre los  siglos XII al XV   .

En tanto  el “buen amor” que fuera el amor de los trovadores al servicio de la dama cortés ; en el siglo XV sería cosa deshonesta y ocasión de pecado. Juan Ruíz en su libro del “Buen amor “entre burlas y vueltas lo condenaba. Rojas por su parte en “La Celestina”  quiso dejar una moraleja que, como vimos, era la muerte como consecuencia del falso amor o pasión libertina, presa de los placeres carnales sin responsabilidades ni ataduras.

Finalmente a partir de esta literatura se pudo observar la ética del hombre castellano en plena transición renacentista y el momento preciso en el que las cosas de este mundo llegaron a ser tan atractivas como las del más allá.

En este amor, el cortés y descortés fueran la misma cara de una misma moneda. Las reglas estuvieron pero las pasiones humanas fueron más fuertes. El exceso del amor cortés mundano solo pudo desencadenar un final trágico con pequeños intervalos de apasionado gozo, placer instantáneo y hedonismo pleno.

El amor cortés tuvo que elegir entre el amor erótico o romántico. De esta manera el amor cortesano del siglo XV presentó posibilidades de sinceridad y fingimiento, así como una contradicción en su uso. Abarcó desde el homenaje a la dama hasta la falacia de amores con distintos niveles de sugerencia erótica y sinceridad sentimental para un amor fingido.



Bibliografía

Ø  De Ferraresi, Alicia “La ambigüedad del Buen amor” en Historia y crítica de la literatura española  tomo I Crítica.



Ø  Green, Ottis (1982) “Amor cortés y moral cristiana en la trama de la Celestina” en historia y crítica de la literatura española Barcelona Crítica.

Ø  Gerli  Michel: “La religión del amor y el antifeminismo en las letras castellanas del siglo XV” en Hispanic  rewier,  vol  49.

Ø  Maravall  José Antonio “Mundanización y secularización: el placer de la vida, la doctrina del amor, la expresión de la muerte en El mundo social de la Celestina www.biblioteca.org.ar  capítulo VIII.

Ø  Rodado Ruíz Ana María (2000) “Fundamentos del amor cortés” en Tristura conmigo va  ediciones de la universidad de Castilla La Mancha.

Ø  Salinero Cascante María Jesús “Amor courtis y amour discourtis” en El libro del buen amor del Archipieste de Hita. Universidad de la Rioja España www.biblioteca.org.ar.

"Amor cortés" (primera parte)



El  amor cortés trovadoresco fue el sustrato fundamental de la poesía castellana en el siglo pre-renacentista de las letras castellanas.
 


Generalmente el amor cortesano era el amor del culto a la mujer. Empezaba asignando al amante el papel de humilde vasallo y a la amada el de soberana (obedeciendo al esquema feudal de la época). El amor cortés era un tipo especial de amor divorciado de la posesión física, basado en el deseo de alcanzarla, practicado por gente de categoría y considerado como fuente de toda virtud y bien. Sus características principales eran: el poder ennoblecedor del amor, la superioridad de la dama y la concepción del amor como un deseo insaciado y siempre creciente.[1]


Vemos en “La Celestina” algunos pasajes que nos anticipan la característica de la superioridad de la dama y su exaltación por el caballero enamorado, por ejemplo: la belleza de Melibea que lo subyuga a Calixto por su magnanimidad. Melibea era superior sobre toda comparación y proporción; Calixto se confiesa: Melibea es mi señora, Melibea es mi Dios, Melibea es mi vida: yo su cautivo, yo su siervo”.



En el “Libro del buen amor”  el archipieste en sus andanzas amorosas describía a algunas damas alabándolas por sus virtudes intelectuales, por ejemplo: una de esas damas tenían “La mente esclarecida” y Sutil y muy letrada, aguda y entendida. La belleza física era también muy apreciada junto con las virtudes corteses (rubia, esbelta, ojos grandes, hermosos expresivos y lucientes y con largas pestañas 432-44). En resumen las muchas cualidades y virtudes de la dama hacían de ella también un ser superior al enamorado sobre todo cuando el galán tenía pocos recursos económicos, como el Archipieste de Hita, y que pecaba de falta de higiene, indecisión  y  atildamiento.


El esquema básico de las relaciones amorosas del trovadorismo en el siglo XII era el siguiente: un joven soltero se enamoraba de una dama casada a quién cortejaba en secreto. La dama bellísima distante y de más alto rango social aceptaba o desdeñaba los servicios del joven trovador que se sometía a ella como un vasallo ante su señor feudal. El trovador podía presentarse a la dama como tímido (fenhedor) suplicante (pregador) enamorado (entendedor) o como amante aceptado (drutz) puesto que la dama era  casada, la vía matrimonial estaba cerrada desde el principio, lo que convertía a este amor refinado en amor adúltero.



Tengamos en cuenta que la edad media oscilaba entre el vituperio ascético y el elogio cortesano de la mujer, pero esta concepción vislumbraba y sacaba a relucir el pecado de la lujuria y la infidelidad inconcebible para una sociedad religiosa y conservadora como fue la edad media. Si para el trovador del siglo XII era el beso gracia ennoblecedora, en las leys d’ amor de mediados del siglo XIV, podía ser cosa deshonesta y ocasión de pecado. El mismo amor que los poetas habían enaltecido como fuente de nobleza y virtud será considerado libertino y pecaminoso hacia fines del siglo XIII [3].



Efectivamente a finales de este siglo, este amor será considerado pecaminoso y por ello censurado en lo que afectaba a la moral: la mujer cortejada será doncella en vez de casada y el cortejo conducirá al matrimonio en vez de ser preámbulo de una relación sexual adúltera.[4]



Este esquema no se cumplirá taxativamente en la obra de Rojas, ya que los enamorados se convertirán solo  en amantes y se sumergirán, Melibea y Calixto, en los más hondos placeres mundanos y el cortejo no conducirá al matrimonio por lo tanto su relación no será adúltera porque no habrá terceros ni desembocará en la unión matrimonial.



Como bien dice Ferraresi Alicia “  La literatura erótica en el siglo XV tendrá como característica la libre pasión del amante despojado de toda moral y guiado por su libre albedrío”. En cambio para Juan Ruíz el amor y la pasión deja preso al amor bueno o verdadero. En el Archipieste de Hita el matrimonio no será el fin último que tenía como objetivo el amor cortés, sino será una puerta de entrada, por ejemplo, para acceder al placer erótico de su enamorada Doña Endrina, sin embargo el matrimonio será algo ansiado para él para así poder casar a una viuda rica. El interés amoroso sesgado por la materialidad económica y su provecho  de que lograse aventajarle se observó tan vigente como en la actualidad. Aquí vemos como  “El amor cortés abría la puerta a la aventura del amor en libertad, sin ataduras sociales ni morales y representaba un sistema complementario y , en cierto modo compensatorio de los deberes conyugales” (Rodado Ruiz:2000:19).



Hay que destacar que tanto Rojas como Juan Ruíz de forma didáctica e instructiva quisieron con estas obras moralizar a una sociedad descarriada acerca de los males que acarreaba someterse a un amor apasionado sin límites guiados solamente por el impulso humano.



Juan Ruíz en su libro “El buen amor”, en su introducción sigue el método del sermón, sitúa el tema tal y como anuncia el título es el “Buen amor” al que opone el amor loco de este mundo por que el ser humano “peca en su flaca condición humana” y poco después añade: “El buen amor es el de Dios”. Esta primera acepción  sitúa al “buen amor” dentro del amor de Dios. Alicia de Ferraresi considera que este amor es maligno, opuesto al amor de Dios: “No es este amor que ennoblece haciéndolo bueno y virtuoso, la esencia de este amor es la mentira; y bien claro lo dice el poeta: “Una tacha de fallo al amor poderoso… es esta: que el amor siempre fabla mentiroso (161)  (Ferraresi 1976:166). Su intención se muestra clara: instruir sobre el “buen amor” y sobre todo el “mal amor”.



El amor loco de “La Celestina” es un amor que enajena, enloquece y no tiene más salida que la muerte el “exemplum” y “moralidad” es que los pecadores mueren como Melibea y además sin confesión y en pecado mortal: el pecado de fomentar y satisfacer un intenso amor cortés sin sentido de responsabilidades. Amor y muerte son los dos extremos de una desmedida sensualidad que presta al tema del amor durante el siglo XV.


Bajo este panorama didáctico -moralizante y en una época marcada por el amor a Dios y en donde la doctrina de la Iglesia católica, uno de los principales poderes latifundistas de la época, difundió la filosofía estoica y la renuncia a los placeres terrenales recibiría como recompensa la gloria eterna, fue preciso relacionar el amor cortés con el concepto elaborado por los grandes pensadores cristianos, en ellos no sólo se refleja la citada alienación del amante en el amado, sino también la idea de que todo amor humano es un amor a Dios que se ignora.



Al adoptar la terminología y la mitología del cristianismo, el amor se codifica, se convierte en rito lo que se llamó cortesía. El amor profano se va a constituir, pues, no en una religión alternativa, sino en una definida forma de vida secular atractiva que en el ámbito de la cultura erudita de fines de la edad media suplanta al cristianismo como fuente de inspiración ética y estética.[6]











[1]  Rodado Ruiz Ana , M (2000) “Fundamentos del amor cortés” en Tristura conmigo va .Ediciones de la  Universidad de Castilla la Mancha pág 16.

[2] (Rodado Ruíz , 2000:16)

[3] De Ferraresi, Alicia “La ambigüedad del Buen amor” en historia y crítica de la literatura española tomo I  Crítica pág 236.

[4] Salinero Cascante M. Jesús “Amor courtis y amor discourtis” en el libro del buen amor del Archipieste de Hita  Universidad de la Rioja España monografía provista por www.biblioteca.org.ar  pág 86.

[5] Gerli Michel “La religión del amor y el antifeminismo en las letras castellanas del siglo xv” en hispanic rewier, Vol 49 pág 1.


[6] Maravall José Antonio: “Mundanización y secularización: el placer de la vida, la doctrina del amor, la experiencia de la muerte” en El mundo social de la Celestina provisto por www.biblioteca.org.ar capítulo VIII.

"Cortesías preliminares"



Me propuse como punto de partida del siguiente ensayo el tema del amor cortés en las letras castellanas por un disparador que me ha surgido de una de las reglas de Ovidio en su “Arte de amar” (escrito en latín que seguramente, ha servido como fuente de sus contemporáneos castellanos para retratar el tópico del amor y sus artes y que ha sido un maestro de la materia para la época) la misma versaba así: “El amor es cruel, y a menudo experimenté su enojo, pero es un niño de corta edad fácil de dirigir” y a partir de ella he recordado los padecimientos que han causado las iras del amor a más de un ser humano y que no la pudieron controlar porque no supieron las estrategias ni aprendido de manera correcta su arte.


 Esta curiosidad me ha llevado a investigar si, en la literatura castellana,el caballero y la dama de la edad media han sabido manejar los obstáculos que el amor acarrea en los corazones de seres frágiles y enamoradizos; y sí este amor cortés, pudo ayudar a los enamorados castellanos a seguir sus preceptos y reglas para así crear un vínculo de amor duradero que tuviese una continuación y final feliz.


Por tal motivo,en los siguientes apartados, desarrollaré el concepto de amor cortesano en el siglo XII su retroceso y bajada de línea debido a su condición profana en una época de ferviente religiosidad; su nuevo paradigma del siglo XIII al XV pre-renacentista (tomando como ejemplos las obras del buen amor de Juan Ruíz y La Celestina de Rojas), luego seguiré con las paradojas del exceso de amor cortés, sus consecuencias, el motivo por el cual se omitió el matrimonio en La Celestina y describiré los cambios sociales que se dieron en el siglo XV cambiante y propicio para que este amor cortés se deslice en un terreno sin inconvenientes.